St. Maximilian Kolbe

St. Maximilian Kolbe

Posted by Reverend Thomas Vander Woude,

In late July, 1941 a prisoner escaped from the Nazi concentration camp, Auschwitz.  He knew that ten prisoners would be starved to death as retribution for his escape – such was one means of the Nazis to prevent escape.  After the ten men had been chosen, Francis Gajowniczek – a Jewish man with young children – began to plead for his life, particularly mentioning his wife and children.  Then, something extraordinary occurred: a man stepped forward from the lines (which could have gotten him shot).  “I will take his place,” prisoner 16670 said.  The commandant responded, “Who are you?”  “I am a Catholic priest,” came the answer.  And, the Nazi commander allowed it!

Fr. Maximilian Kolbe, a Polish Franciscan, spent the next two weeks praying, singing and encouraging the other nine condemned men as they died the slow death of starvation.  After the other nine had died, the Nazis finally killed Fr. Kolbe by lethal injection as his body (and soul) seemed too slow to respond to starvation.  His date of death, feast day and birthday into heaven is August 14th.  He was canonized by Saint John Paul II in 1982.  Present amongst the crowds for the canonization was Francis Gajowniczek, the man whose life Maximilian had saved.

St. Maximilian Kolbe was an incredible mind and apostle of the early 1900s.  He was completely dedicated to Jesus through Mary.  He sought to spread devotion to Mary through the Miraculous Medal.  He began the Catholic magazine, Knight of the Immaculate, in 1922 which, at its peak, printed 750,000 copies.  He later began a daily newspaper in Poland which had a daily circulation of 137,000.  He founded a monastery in Poland and later minor seminary.  He was a missionary to Japan, founding a monastery in Nagasaki in 1931.  (Within a month of his arrival to Japan, penniless and knowing no Japanese, he had started a Catholic newspaper printing in Japanese.)  After returning to Poland, he continued teaching the truth into World War II.  For this, and for housing 3,000 refugees – two-thirds of whom were Jewish – he was imprisoned by the Nazis in February, 1941.

St. Maximilian Kolbe said of his times, “The most deadly poison of our times is indifference. And this happens, although the praise of God should know no limits. Let us strive, therefore, to praise Him to the greatest extent of our powers.”  They are words that can be applied to our own times as well!

The following words of the Polish saint are also worth pondering, “No one in the world can change Truth. What we can do and should do is to seek truth and to serve it when we have found it. The real conflict is the inner conflict. Beyond armies of occupation and the hecatombs of extermination camps, there are two irreconcilable enemies in the depth of every soul: good and evil, sin and love. And what use are the victories on the battlefield if we ourselves are defeated in our innermost personal selves?”

St. Maximilian Kolbe, pray for us.

God bless

FRVW


A finales de julio de 1941, un prisionero se escapó del campo de concentración nazi en Auschwitz.  Él sabía que iban a matar de hambre a diez prisioneros en retribución por su escape- Tal era la forma en que los nazis prevenían los escapes.  Después de que los diez hombres habían sido escogidos, Francis Gajowniczek – un hombre con hijos pequeños (todavía está en discusión si el hombre era judío o católico) – comenzó a suplicar por su vida, mencionando particularmente a su esposa e hijos.  Entonces, algo extraordinario pasó: un hombre dio un paso al frente de las líneas (lo cual pudo haber provocado que le dieran un tiro).  “Yo tomaré su lugar” dijo el prisionero 16670.  El comandante respondió, “¿Quién eres tú?”  “Soy un sacerdote católico” respondió.  ¡Y el comandante nazi lo permitió!

El Padre Maximiliano Kolbe, un Franciscano polaco, pasó las siguientes dos semanas en oración, cantando y animando a los otros nueve hombres condenados, mientras iban muriendo de hambre lentamente.  Después que los otros nueve habían muerto, los nazis finalmente mataron al Padre Kolbe con una inyección letal ya que su cuerpo (y alma) se estaba tardando mucho en responder a la muerte por hambre.  La fecha de su cumpleaños, su fiesta y su nacimiento al Cielo es el 14 de Agosto.  Él fue canonizado por San Juan Pablo II en 1982.  Entre las multitudes que asistieron a la canonización, estuvo presente Francis Gajowniczek, el hombre a quien Maximiliano le salvó la vida.

Sn. Maximiliano Kolbe fue una mente y apóstol increíble de principios de 1900.  Él estaba completamente dedicado a Jesús a través de María.  Él buscó propagar la devoción a María a través de la Medalla Milagrosa.  Él comenzó la revista Caballero de la Inmaculada en 1922, la cual en su punto máximo, imprimía 750,000 copias.  Después comenzó un periódico en Polonia, el cual tenía una circulación de 137,000 copias diarias.  Él fundó un monasterio en Polonia y después un seminario menor.  Él fue misionero en Japón, fundando un monasterio en Nagasaki en 1931.  (A un mes de su llegada a Japón, sin un centavo y sin saber japonés, él comenzó la impresión de un periódico en japonés).  Después de regresar a Polonia, el continuó enseñando la verdad dentro de la Segunda Guerra Mundial.  Por eso, y por alojar a 3,000 refugiados – de los cuáles dos terceras partes eran judíos – fue encarcelado por los nazis en febrero de 1941.

Sn. Maximiliano Kolbe dijo de su tiempo, “El veneno más ponzoñoso de nuestro tiempo es la indiferencia.  Y esto pasa, a pesar de que alabar a Dios no debería conocer límites.  Por lo tanto, luchemos para alabarlo, hasta el máximo alcance de nuestro poder”.  ¡Estas son palabras que pueden ser aplicadas a nuestro tiempo también!

También vale la pena reflexionar en las siguientes palabras del santo polaco “Nadie en el mundo puede cambiar la Verdad.  Lo que si podemos y debemos hacer es buscar la verdad para servirla cuando la hayamos encontrado.  El conflicto real es el conflicto interior.  Más allá de los ejércitos de ocupación y las hecatombes de campos de exterminación, en las profundidades de cada alma hay dos enemigos irreconciliables: el mal y el bien; pecado y amor.  Y ¿de que sirven las victorias en el campo de batalla  si nosotros mismos somos vencidos por lo más profundo de nuestro ser?”

Sn. Maximiliano Kolbe, ruega por nosotros.

Dios los bendiga

FRVW