Pentecost 2020

Pentecost 2020

Posted by Reverend Thomas Vander Woude,

The following two paragraphs were part of Pope St. John Paul’s homily on the Eve of Pentecost, June 2, 1979.  Please be mindful that he was speaking to millions of Poles who had lived under atheistic communist dictatorship since World War II.  He was surrounded by communists and their military at this Mass.  They, who had tried for decades to silence the Catholic Church.  They, who had closed Catholic churches and attempted to limit Catholics’ access to the Mass and the Sacraments.  He did not begin his first visit to Poland with platitudes to the ruling party!

How applicable are St. John Paul’s words now – not just in Poland.

To Poland the Church brought Christ, the key to understanding that great and fundamental reality that is man. For man cannot be fully understood without Christ. Or rather, man is incapable of understanding himself fully without Christ. He cannot understand who he is, nor what his true dignity is, nor what his vocation is, nor what his final end is. He cannot understand any of this without Christ. (My emphasis).

Therefore Christ cannot be kept out of the history of man in any part of the globe, at any longitude or latitude of geography. The exclusion of Christ from the history of man is an act against man. Without Christ it is impossible to understand the history of Poland, especially the history of the people who have passed or are passing through this land. The history of people. The history of the nation is above all the history of people. And the history of each person unfolds in Jesus Christ. In him it becomes the history of salvation.

St. John Paul ended his homily with the following prayer to the Holy Spirit:

Let your Spirit descend.
Let your Spirit descend.
and renew the face of the earth,
the face of this land. Amen.

Perhaps, as we celebrate Pentecost forty-one years later, we can learn from St. John Paul II.  Let us ask from the heart for the coming of the Holy Spirit in our hearts and minds; in our families; in our parish; in our diocese; in our state; in our nation; in our world.  Let us ask His guidance for our leaders in the Church and outside the Church.

God bless

FRVW


Los siguientes dos párrafos son parte de la Homilía de Juan Pablo II en la Vigilia de Pentecostés del 2 de junio de 1979.  Por favor tengan en mente que él le estaba hablando a millones de polacos que habían vivido bajo una dictadura comunista atea desde la Segunda Guerra Mundial.  Él estaba rodeado de comunistas y su milicia durante esta Misa.  Ellos, quienes habían cerrado Iglesias católicas e intentaron limitarle a los católicos el acceso a la Misa y a los sacramentos.  ¡Él no comenzó su visita a Polonia con lo típico del partido gobernante!

Cuánto se aplican las palabras de San Juan Pablo II hoy – no sólo en Polonia.

A Polonia la Iglesia le trajo a Cristo, la clave para entender la grande y fundamental realidad que es el hombre.  Porque el hombre no puede ser entendido sin Cristo.  Mas aún, el hombre es incapaz de entenderse completamente a si mismo sin Cristo.  Él no puede entender quién es, ni qué es la verdadera dignidad, ni cuál es su vocación, ni cuál es su fin.  Él no puede entender nada de esto sin Cristo.  (Mi énfasis).

Por lo tanto, Cristo no puede mantenerse fuera de la historia del hombre en ninguna parte del mundo, en ninguna longitud o latitud de la geografía.  La exclusión de Cristo de la historia del hombre es un acto en contra del hombre.  Sin Cristo es imposible entender la historia de Polonia, especialmente la historia de la gente que ha pasado o está pasando por esta tierra.  La historia de la gente.  La historia de la nación que está por encima de la historia de la gente.  Y la historia de cada persona se desarrolla en Jesucristo.  En él se convierte en la historia de la salvación.

San Juan Pablo II terminó su homilía con la siguiente oración al Espíritu Santo:

Deja que tu Espíritu descienda.
Deja que tu Espíritu descienda.
y renueva la faz de la tierra,
la faz de esta tierra. Amen.

Tal vez, mientras celebramos Pentecostés, cuarenta y un años después, podemos aprender de San Juan Pablo II.  Pidamos de corazón la venida del Espíritu Santo en nuestros corazones y mentes; en nuestras familias; en nuestra parroquia, en nuestra diócesis, en nuestra nación; en nuestro mundo.  Pidámosle su dirección para nuestros líderes dentro de la Iglesia y fuera de la Iglesia.

Dios los bendiga

FRVW