J.R.R. Tolkien to His Son, Michael

J.R.R. Tolkien to His Son, Michael

Posted by Reverend Thomas Vander Woude,

“You speak of 'sagging faith', however. That is quite another matter. In the last resort faith is an act of will, inspired by love. Our love may be chilled and our will eroded by the spectacle of the shortcomings, folly, and even sins of the Church and its ministers, but I do not think that one who has once had faith goes back over the line for these reasons (least of all anyone with any historical knowledge). 'Scandal' at most is an occasion of temptation – as indecency is to lust, which it does not make but arouses. It is convenient because it tends to turn our eyes away from ourselves and our own faults to find a scapegoat. But the act of will of faith is not a single moment of final decision: it is a permanent indefinitely repeated act > state which must go on – so we pray for 'final perseverance'. The temptation to 'unbelief' (which really means rejection of Our Lord and His claims) is always there within us. Part of us longs to find an excuse for it outside us. The stronger the inner temptation the more readily and severely shall we be ‘scandalized’ by others. I think I am as sensitive as you (or any other Christian) to the scandals, both of clergy and laity. I have suffered grievously in my life from stupid, tired, dimmed, and even bad priests; but I now know enough about myself to be aware that I should not leave the church (which for me would mean leaving the allegiance of Our Lord) for any such reasons: I should leave because I did not believe, and should not believe anymore, even if I had never met anyone in orders who was not both wise and saintly. I should deny the Blessed Sacrament, that is: call our Lord a fraud to His face.

If He is a fraud and the Gospels fraudulent – that is: garbled accounts of a demented megalomaniac (which is the only alternative), then of course the spectacle exhibited by the Church (in the sense of clergy) in history and today is simply evidence of a gigantic fraud. If not, however, then this spectacle is alas! only what was to be expected: it began before the first Easter, and it does not affect faith at all – except that we may and should be deeply grieved. But we should grieve on our Lord's behalf and for Him, associating ourselves with the scandalized heirs not with the saints, not crying out that we cannot 'take' Judas Iscariot, or even the absurd & cowardly Simon Peter, or the silly women like James' mother, trying to push her sons.

It takes a fantastic will to unbelief to suppose that Jesus never really 'happened', and more to suppose that he did not say the things recorded all of him – so incapable of being ‘invented’ by anyone in the world at that time: such as ‘before Abraham came to be I am' (John viii). ‘He that hath seen me hath seen the Father’ (John ix); or the promulgation of the Blessed Sacrament in John vi: ‘He that he eateth my flesh and drinketh my blood hath eternal life.’ We must therefore either believe in Him and in what he said and take the consequences; or reject him and take the consequences. I find it for myself difficult to believe that anyone who has ever been to Communion, even once, with at least a right intention, can ever again reject Him without grave blame. (However, He alone knows each unique soul and its circumstances.)

J.R.R. Tolkien to his son, Michael in 1963

God bless

FRVW


“Tú hablas de la ‘fe debilitada’, sin embargo, eso es otra cosa.  En última instancia, la fe es un acto de la voluntad, inspirado por el amor.  Nuestro amor puede enfriarse y nuestra voluntad deteriorarse por el espectáculo de las deficiencias, locuras y hasta pecados de la Iglesia y sus ministros, pero no creo que alguien que haya tenido fe alguna vez, retroceda más allá de su límite por estas razones (menos aún alguien que tenga conocimiento histórico).  El ‘escandalo’, máximo, es una ocasión para la tentación – como la indecencia lo es para la lujuria, que no la hace sino que la despierta.  Es convincente porque tiende a apartar nuestros ojos de nosotros mismos y de nuestras culpas para encontrar un chivo expiatorio.  Pero el acto de la voluntad de la fe no es un simple momento de decisión final: es un acto permanente e indefinido - un estado que debe continuar – así que rezamos por una ‘perseverancia final’.  La tentación de la ‘incredulidad’ (que realmente significa el rechazo a Nuestro Señor y Sus Demandas) está aquí entre nosotros.  Una parte de nosotros anhela encontrar una excusa para que salga al exterior.  Cuando más fuerte es la tentación interior, más pronta y severamente vamos a ‘escandalizarnos’ por los demás.  Yo creo que soy tan sensible como tú (o cualquier otro cristiano) a los escándalos,  tanto del clero como de los laicos.  Yo he sufrido gravemente en mi vida por causa de sacerdotes estúpidos, cansados, sombríos, y hasta malvados; pero me conozco suficientemente para saber que no debo abandonar la Iglesia (que para mí significaría dejar la alianza con Nuestro Señor) por ninguna de tales razones: yo debería abandonarla porque no creo, y no debo creer más, aunque no haya conocido a nadie con ordenes sagradas que no haya sido sabio y santo.  Yo debo negar el Sagrado Sacramento, eso es: decirle a Dios en su cara que es un fraude.

Si Él es un fraude y los Evangelios son fraudulentos – eso es: cuentos incoherentes de un megalómano demente (lo cual es la única alternativa), entonces por supuesto ese espectáculo exhibido por la Iglesia (en el sentido del clero) en la historia y en la actualidad, es simplemente evidencia de un fraude gigantesco.  Si no, como sea, entonces este espectáculo es, ¡hay qué pena!  sólo lo que se esperaba: comenzó en la primera Pascua, y en absoluto afecta la fe – excepto que nosotros podemos y debemos estar gravemente apenados.  Pero debemos apenarnos por Nuestro Señor y por El, asociándonos con los escandalizadores , no los santos sin clamar que no podemos ‘tolerar’ a Judas Iscariote, o aún al absurdo y cobarde de Simón Pedro, o las tontas mujeres como la mamá de Santiago tratando de poner a sus hijos por delante.

Exige una fantástica voluntad de la incredulidad suponer que Jesús nunca realmente ‘tuvo lugar’, y más aún suponer que nunca dijo las cosas que de Él se han registrado – tan incapaz era nadie en el mundo de aquella época de inventarlas: tales como ‘antes que Abraham existiera Yo soy’ (Juan IX); o la promulgación del Santísimo Sacramento en Juan VI: ‘El que ha comido mi carne y ha bebido mi sangre tiene vida eterna’.  Por lo tanto, o bien debemos creer en Él y en lo que dijo y atenernos a las consecuencias, o rechazarlo y atenernos a las consecuencias.  Me es difícil creer que nadie que haya tomado la Comunión, aunque sea una sola vez, cuando menos con la intención correcta, pueda nunca volver a rechazarle sin grave culpa (sin embargo, solo Él conoce cada una de las almas singulares y sus consecuencias).

J.R.R. Tolkien a su hijo Michael en 1963

Dios los bendiga

FRVW